Texto_Juan Antonio Gómez, DEAR director
La maison francesa vuelve a demostrar que la relojería puede ser mucho más que precisión mecánica. En esta ocasión, el tiempo se convierte en un lienzo donde se encuentran la ilustración, la artesanía y el universo ecuestre que forma parte del ADN de Hermès desde sus orígenes. La pieza toma como punto de partida una creación del ilustrador italiano Gianpaolo Pagni, concebida originalmente para un pañuelo de seda de la firma. Inspirándose en una antigua litografía de la colección privada de Émile Hermès, el artista reconstruyó la figura de un jinete a través de formas geométricas y fragmentos de color que recuerdan al lenguaje cubista. El resultado es una escena dinámica y poética que ahora encuentra una nueva dimensión sobre la esfera del reloj.
Lejos de ser una simple superficie decorativa, la esfera se construye mediante diferentes capas de grabados, pintura y transparencias que juegan con la luz para generar una sorprendente sensación de profundidad. En el centro de la composición emerge un caballo de oro amarillo, suspendido en un paisaje de formas abstractas y tonos azules que parecen cambiar según la mirada.

Aunque su atractivo visual acapara toda la atención, el interior del reloj es igualmente excepcional. Hermès ha equipado esta creación con algunas de las complicaciones más admiradas de la alta relojería, entre ellas un tourbillon y una repetición de minutos, un sofisticado mecanismo capaz de hacer sonar la hora mediante pequeñas campanadas. Sin embargo, la firma evita cualquier exhibicionismo técnico: aquí la mecánica está al servicio de la emoción y la narrativa.
Presentado en una caja de oro blanco de 43 milímetros y acompañado por una correa de aligátor azul profundo realizada en los talleres de la casa, el Arceau Cavalier en Formes es también una declaración de exclusividad. Solo existirán seis ejemplares en todo el mundo.
Más que un reloj, Hermès propone una pieza de colección donde convergen arte, artesanía y savoir-faire. Una creación destinada a quienes entienden el lujo no como ostentación, sino como la capacidad de transformar un objeto cotidiano en algo extraordinario.