Marty Supreme, Paul Newman ya no es el único buscavidas

Y es que Timothée Chalamet ha decidido compatir con él el puesto.

Texto_Bru Romero

Lo llevo diciendo durante años (desde 'Call me by your name', básicamente), Timothée Chalamet es uno de los mejores actores de su generación (como lo fueron Cary Grant, Marlon Brando o Dennis Hopper de las suyas). Solo hace falta sentarse a disfrutar de su última película, Marty Supreme, para darse cuenta de que la historia de Marty Mauser es parecida a la del actor neoyorquino (pero corazón francés), que con perseverancia, carisma y cierta vulnerabilidad consiguen lo que se propongan. ¿La diferencia? que Mauser es arogante y Chalamet nada que ver. 

Un biopic que no es realmente un biopic y sí la historia de un buscavidas que, con el objetivo puesto en ser el mejor jugador de ping-pong, comienza a soñar con un futuro mejor durante sus jornadas laborales como dependiente de una zapatería. 

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Una meta macada en el horizonte por la precariedad, que el director Josh Safdie sabe desgranar sin perderse en ese sueño por el éxito y abrazando el camino pedregoso del caos y el desasosiego que no matan, pero hacen más fuerte. 

Una cinta trepidante en la que Chalamet consigue convencernos de que es un nuevo buscavidas, con ansias de cambiar su presente y así lograr una estabilidad que acabe con ese desgaste tanto mental como circunstancial. Un Marty que nos envuelve, engatusa, convence con promesas vacías, que nosotros somos incapaces de diferenciar porque cuando su ambición asoma la patita, no hay ni crítico cinematográfico que no asuma, con toda la razón de ser, que estamos ante toda una futura leyenda o, al menos, un mito con talento para lo que sea. 

Timothée nos sacude bien fuerte. Que se lleve el Oscar, es ya una obligación. 

Ya en cines. 

 

 

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