Texto_Bru Romero
Una brutalidad de la naturaleza, una artista de esas que nacen cuando el destino decide y los astros se alinean, y que en Balkan Erotic Epic sale a saludar de la mano del coreógrafo Blenard Azizaj y de otro artista como vino al mundo: sí, desnudo. Porque solo la Abramović sería capaz de exhibir su obra en el MoMA neoyorquino (The Artist is Present) y, años después, hacer del cuerpo desnudo, el tapiz que mejor soporta si conversión en territorio político.

Una nueva vuelta de tuerca que consigue que Marina Abramović Balkan Erotic Epic no se parezca a nada que anteriormente hayamos visto o que la de Belgrado haya escenificado con anterioridad. Una obra donde el foclore balcánico, la dramaturgia, la animación, el vídeo y la desnudez de unos cuerpos escenificando al son, también, de los ritmos más electrónicos nos zambullen en una eucaristía pagana sin precedentes durante más de 3 horas, que nos relamemos con gusto.

Una Marina Abramović que hasta el 30 de enero conseguirá inundar la solemne sala pincipal del Liceo barcelonés con esta epopeya actual, sin filtros ni cancelaciones, torrencial y magistral y que desde la tradición más suya consigue desenterrar las memorias reprimidas de todos (ya sea por guerras, movimientos políticos o el punzante y abrasivo qué dirán) para vivir de una vez en libertad.
Un aquelarre corporal digno de ver, sentir, vivir y sufrir, aunque el erotismo sea, sencillamente, lo de menos. Bra-va.

Fotos_Marco Anelli