Texto_Goito Paradelo
¿Quién es Señora y quién es Biónica? Yo me pediría Biónica, la verdad —dice Carlos—. Me identifico más con la Señora que con el término biónica.
En la información de la discográfica sobre Señora Biónica aseguran que sois un grupo en el que se fusionan influencias post punk contemporáneo con una producción lo-fi… ¿Me lo podéis explicar? El género post punk — explica Álvaro— está muy vinculado a grupos como Joy Division o Molchat Doma y a formaciones que tienen que ver con un repensar un género con este. Para nada nos relaciona con grupos con un sonido más particular y conocido como el de bandas tan personales como los Sex Pistols, por ejemplo.
Aunque —cuenta Carlos—, es verdad que el disco transita por diferentes sonidos o estilos, pero a la hora de generar una identidad musical de la banda sí que probamos también con sonidos más oscuros y más lentos. En otros temas hay mucha presencia de bajos intensos, guitarras más aéreas y la voz más escondida, y luego también probamos con otros acordes más cercanos al sonido de Parálisis Permanente con ritmos más agresivos y letras más rápidas.
También se hace un recordatorio o se habla de referencias de formaciones nacionales como Aviador Dro o Parálisis. ¿Se pretende recuperar ese sonido para revisarlo y hacerlo sonar de nuevo? Lógicamente —aclara Carlos—, nosotros, por edad, no somos coetáneos de esos grupos, pero sí que hemos echado una mirada atrás en el tiempo sobre el trabajo de esa gente, como una especie de revisita temporal, aunque la música que nosotros más hemos escuchado haya sido la de los 2000. Siempre está bien descubrir sonidos de diferentes épocas, tanto para tenerlos como referencia o para saber qué se hacía antes. Sonidos que estaban ahí y que nos los habíamos hecho nuestros.
Lo que sí podemos decir es que es música para un cierto tipo de gente. No es para consumo de grandes masas. ¿Es música nicho? Totalmente —afirma Carlos—. Hay un circuito mainstream y, paralelamente a él, otro, donde estaríamos nosotros, y que también funciona. Creo que hay mercado para todos y en esos otros sonidos hay muchos grupos que están pegando fuerte. Trabajos o géneros donde también estamos nosotros.
Cuando empezamos a tocar, vimos que la gran mayoría eran formaciones que tiraban de la música española y anglosajona que sonaba en otras épocas y que eran sus referencias, pero nosotros, al hacer este tipo de sonido, creemos que es un lenguaje común que también se desarrolla en muchos otros países. El sonido nicho siempre ha estado ahí. Le pasaba también al hardcore o al heavy metal en su momento. Eran bandas con un lenguaje que funcionaba a nivel global y que giraban por todo el mundo. Ahora ocurre un poco lo mismo.
¿Es un buen momento para probar otra forma de hacer música y de posicionarse en el mercado? Hoy en día —responde Álvaro— hay espacio para todos. Gracias a internet se ha abierto un mercado mucho más amplio. Cualquier grupo puede sonar en cualquier lugar.
En el disco que se presenta ahora, se incluyen nueve temas. ¿Abrazan todos ellos un lenguaje común? ¿Hay una especie de mensaje que los une o cada tema funciona con una intención concreta? Hay como una visión de lo que pasa a nuestro alrededor que tiene una narrativa compartida —cuenta Carlos—. Casi todos los temas se hicieron a lo largo de un año, pero con poco tiempo entre ellos, y sí que tienen una forma de respirar común. El tono de las letras esconde un cierto costumbrismo irónico, con presencia del humor. Las nueve canciones respiran un mismo lenguaje, pero cada una de ellas hace referencia a cosas muy determinadas. Hay una forma de narrar vigente en todos los temas.
No es una música fácil de escuchar… Es cierto que tiene muchos cambios de ritmo —afirma Álvaro—, de acordes, tonalidades que varían dentro de un mismo tema, pero no es algo que caracterice al disco en su conjunto. Si no estás familiarizado con el género puede parecerte particular, pero a mí, me resulta muy fácil de escuchar. Es un formato —añade Carlos—que a muchos les puede parecer diferente a lo habitual. La producción es totalmente intencionada. Es una propuesta hecha a propósito.

Algunos temas se presentan, de manera oficial, con un lenguaje sarcástico. Pero ¿no es más bien una actitud de protesta? De mostrar la inconformidad con el entorno. Desde luego, no son propositivas, seguro —aclara Carlos—. Son un reflejo tal cual de nuestro día a día, de lo que nos rodea, de lo que vemos en los barrios donde vivimos, de lo que hablamos con nuestras familias y nuestros colegas. Son letras totalmente descriptivas. Pretendemos que sea un espejo de lo que vivimos, aunque puedan parecer letras de protesta.
¿Es necesario recordar a la gente de vuestra generación, por si no se enteran todavía, que coexisten problemáticas sociales en el vivir actual? No creo que haya que recordar nada —afirma Carlos—. Todo el mundo sabe lo que pasa y nuestra generación en concreto vive la realidad a diario. Yo creo que el cabreo está ahí —añade Álvaro—. No hay que recordárselo a nadie.
Se podría utilizar vuestra música también como vehículo para ofrecer soluciones, no solo reproches, ¿no? Sí, sí... —asiente Álvaro—. Nosotros, para empezar, creemos que es positivo usar la música como un vehículo para contar todo eso. Es una buena forma de hacerlo y es totalmente propositivo. Más que ofrecer ninguna solución concreta.
¿Por dónde discurre vuestra idea creativa a la hora de componer los temas? ¿Hay una dirección única? No teníamos una idea preconcebida de lo que buscábamos en cada tema explica Carlos—. Cada uno ha sido compuesto uno a uno, pero todos de un tirón. Algunos han surgido a raíz de una frase o una palabra y nos ha redireccionado el propio tema, pero no hay nada conceptualmente elaborado con premeditación.
¿He visto en una retransmisión de Radio 3 que hay un tercer componente del grupo? Juan, nuestro guitarrista, que toca en los directos. Es una parte más del grupo, pero solo en esas circunstancias.
¿Me podéis explicar qué es la producción lo-fi que se defiende en este primer trabajo de Mujer Biónica? La forma de hacer este disco fue totalmente casera —explica Carlos—. Es una de las ventajas del avance tecnológico. Si sabes tocar un instrumento, la manera de componer es bastante intuitiva. A final, viene un poco derivada de utilizar esos escasos medios de baja fidelidad que tienes y después de trasladar ese sentimiento a los medios de un estudio de grabación para convertirlo en un signo de identidad propia.
¿O sea, las maquetas de trabajo de toda la vida que los grupos, sobre todo en los años 80, utilizaban? ¿Un poco de do it yourself? Exacto —corrobora Carlos—. Lo que ocurre es que ahora las maquetas también han evolucionado y ya no es todo tan precario.
Todos los temas del disco están en castellano salvo uno que cantáis en inglés, Sálvame (Cristo the Boss). ¿Es por la cuota internacional del grupo? ¿Para vender más fuera y presentar una opción con mayor proyección? Fue una gracia, nos pareció divertido y decidimos dejarlo así. Quedó bien. Podíamos haberlo traducido, pero es una canción con un significado propio, un tanto estúpido. Como habla de muchos personajes de televisión y de un mundo totalmente vacío, fue genial. De ahí una letra a caballo entre el inglés y el castellano, como una especie de spanglish. Es como un cierto animalario —añade Carlos— con todos los personajes del mundo rosa y del panorama de personajillos televisivos españoles. Comenzó siendo un proceso improvisado que después nos resultó coherente con el mensaje de la canción.
Es curioso descubrir que en el videoclip de Contemporáneo aparezca Pedro Sánchez, el presidente del gobierno. Simplemente se trató de un recurso sin más, sin ninguna intención de crítica… En el vídeo —aclara Carlos— somos unos personajes que interpretan un papel sin más. No se pretendía posicionar nuestra crítica hacia alguien en concreto. Nos gustaba generar confusión, ja, ja, ja…
Ocurre lo mismo en la crítica que hacéis en este mismo tema hacia los cuñados del barrio de Salamanca. Es una parodia, una sátira a las personas que creen en ese discurso, pero no justificamos para nada la crítica social.
Y en el caso del tema Tú soñabas ser, el segundo discurso potente, hay una rabia generacional contra promesas incumplidas. ¿De quién? Es un modo de decir cómo y hacia dónde se dirigen las cosas en la sociedad —explica Carlos—. La educación que nos dieron nuestros padres siempre justificaba que si te esfuerzas vas a tener una recompensa y eso, a día de hoy, no es verdad. Nuestra generación, la de los 90, es la primera que se ha encontrado con una realidad que no puede definir el futuro que nos espera.
En el tema MDMadrid, por su lado, parece que estáis echando a las gentes del centro de la ciudad diciéndoles: «Váyanse ustedes a sus casas». Es un posicionamiento superclaro de las transformaciones que está sufriendo Madrid y que lo están cambiando por completo. ¿Es la deshumanización por antonomasia de la gran ciudad?
En el caso de Madrid —dice Carlos—, la ciudad que nos ha visto crecer, se ha convertido en una plaza repleta de transeúntes. Gente por todos lados a la que obligan a mudarse. Es un cambio de modos de vida de la ciudad. Ahora no puedes ir a ningún sitio sin reserva, todo está ocupado. Se han perdido muchas cosas buenas de toda la vida. Está todo muy masificado.
¿A favor o en contra del poder de las redes sociales? Es más fácil que antes llegar a conseguir algo, pero también hay mucho más ruido —en opinión de Álvaro—. Hoy todo se sube a internet, es más difícil posicionarte.
¿Y cómo se hace valer uno ante esta situación de cierta saturación? ¿Son las bajadas de internet o las visitas las que controlan esta dinámica? Está claro —afirma Álvaro—, y que te vayan a ver en directo. Ha habido un momento en el que la música grabada era la que controlaba el mercado, pero creo que esto no va a suceder nunca más. Ha tenido su momento, pero se ha acabado. Ahora la música en directo ha subido como el mejor reclamo para posicionar a un intérprete y es brutal. De todos modos, tampoco son muy reales los datos que se conocen. El hecho de tener muchos seguidores tampoco te asegura una gran repercusión como intérprete y, al revés, hay gente más pequeña, cuyo trabajo sí que trasciende más allá de los números. Está claro que la gira tradicional ha vuelto con todas sus fuerzas. Es lo más importante —añade Carlos.
El 23 de abril, con la presentación del disco en directo, se debe consolidar vuestro proyecto o deberá morir para siempre… Es una fecha importante para perfilar el directo y para mostrar al público lo que hacemos —explica Álvaro—. Tenemos muy claro que el camino es lento y progresivo, pero nos lo tomamos con tranquilidad. Sobre todo porque nos lo pasamos bien.
Lo cierto es que el tiempo de preproducción del disco os ha llevado casi dos años. ¿Habrá que esperar tanto tiempo para el próximo? Ha habido canciones que se han caído por el camino y probamos diferentes sonidos para ver cuál era realmente el nuestro, pero nos sentimos satisfechos. Ya tenemos temas para un segundo trabajo.
¿Lo vuestro es vocacional? Totalmente —asiente Álvaro—. Esperemos que en algún momento sea nuestro modo de vida, pero ahora mismo no podemos hacer solo esto. El mundo de la música es muy volátil —afirma Carlos— y hemos visto bandas que lo han pasado mal, pero espero que las cosas funcionen sin renunciar a lo que nos guste.
No queremos terminar esta entrevista sin saber por qué el nombre de Señora Biónica… Porque combinaba dos cosas que identificaba la música que hacemos —cuenta Álvaro—. Por una parte, las letras costumbristas y satíricas, cerca de la realidad social, como es nuestro país, que sería la parte de Señora. Lo de Biónica está relacionado con la intención de que el estilo musical sea una especie de retrofuturismo con bases electrónicas, que muchas veces no sea orgánico. En general es una combinación de tradición y el futuro.