¿Un cannabis on the rocks?

Refrescantes, dosificadas y cada vez más visibles en supermercados y bares elegantones, las bebidas infusionadas con THC se consolidan como una tendencia de consumo adulto y cada vez hay más estudios que apuntan a que podrían estar cambiando la forma en que muchas personas se relacionan con el alcohol.

Hace apenas unos años, hablar de bebidas con THC parecía algo reservado a mercados muy concretos o a consumidores pro. Hoy, sin embargo, estas propuestas forman parte de una conversación mucho más amplia sobre nuevas formas de ocio y consumo responsable. En EE. UU., donde el cannabis es legal, las estanterías ya no solo exhiben bellos ramos flores, tarjetas de felicitación y snacks varios, ahora también hay aguas con gas, refrescos saborizados y cócteles sin alcohol con dosis precisas de tetrahidrocannabinol (THC), el principal compuesto psicoactivo del cannabis.

El fenómeno no es menor. Analistas del sector estiman que el mercado de bebidas con cannabis podría mover miles de millones de dólares en la próxima década si el marco regulatorio acompaña. La clave de su atractivo está en la experiencia, pues ofrecen un efecto psicoactivo que muchos describen como más suave y manejable que el del alcohol, sin resaca al día siguiente y con una dosificación clara en miligramos, algo que aporta sensación de control.

¿Una alternativa social que irá ganando enteros al alcohol?

Pero más allá del entusiasmo comercial y del frenesí social (de los que siempre quieren probar lo nuevo y más novedoso) hay datos que llaman la atención. Diversas encuestas realizadas entre consumidores adultos en Estados Unidos muestran que una parte significativa de quienes prueban bebidas con THC afirma haber reducido su consumo de alcohol. En algunos estudios de mercado, más de dos tercios de los encuestados señalaron que bebían menos alcohol desde que incorporaron estas alternativas, y un porcentaje menor aseguró haberlo dejado por completo. Aunque se trata en muchos casos de datos autoinformados, y no de ensayos clínicos controlados, la tendencia resulta de lo más sugerente.

Desde el ámbito académico también empiezan a surgir investigaciones sobre la llamada “sustitución” del alcohol por cannabis en ciertos perfiles de consumidores. Algunos trabajos preliminares apuntan a que, en contextos donde el cannabis es legal, puede observarse una disminución en episodios de consumo excesivo de alcohol entre quienes optan por productos con THC. Esto ha llevado a ciertos expertos a plantear si estas bebidas podrían desempeñar, en determinados casos, un papel dentro de estrategias de reducción de daños, siempre bajo un enfoque regulado y responsable.

Según una encuesta, publicada en Journal of Psychoactive Drugs, de las 438 personas que habían consumido cannabis al menos una vez durante el último año, el 58,6% afirmó que utilizaba estas bebidas para reemplazar el alcohol, frente al 47,2% de quienes consumían cannabis, pero en otros formatos. 

Un elemento clave en el auge de estas bebidas es la innovación tecnológica. El THC, por naturaleza, no es soluble en agua, lo que durante años dificultó su incorporación estable en líquidos. Sin embargo, técnicas como la nanoemulsificación han permitido desarrollar fórmulas en las que el compuesto se dispersa de manera uniforme, ofreciendo efectos más rápidos y predecibles. De este modo, la persona que consumiera estas bebidas sabría cuánto está tomando y qué puede esperar.

¿Una moda pasajera como trend tiktokero?

Por supuesto, el crecimiento no está exento de desafíos o, incluso, peligros. La regulación varía enormemente según el país e incluso entre estados o regiones. Existen debates abiertos sobre límites de dosificación, etiquetado, publicidad y acceso, especialmente para evitar el consumo en menores. Además, los especialistas insisten en que el hecho de que no haya resaca no significa que el consumo sea inocuo; el THC también tiene efectos psicoactivos y puede no ser adecuado para todas las personas.

¿Estamos ante una moda pasajera o ante un cambio más profundo en la cultura del ocio adulto? Es pronto para afirmarlo con rotundidad. Lo que sí parece claro es que en un momento en el que hasta las bebidas energéticas tienen ya un ejército de detractores que están obligando a que se regularice su acceso a menores, una parte de la población busca alternativas al alcohol tradicional. Las bebidas con THC han sabido posicionarse como una opción atractiva dentro de ese nuevo escenario y será el tiempo y la evidencia científica quienes sean capaces de dictar su futuro.

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