La invitación también se lee

Hay quien recibe una invitación, consulta el lugar, apunta la hora y pasa por alto una línea pequeña pero decisiva: el código de vestimenta. Luego llega en vaqueros a una cena de etiqueta y descubre que «yo soy muy de ir a mi aire» no era exactamente lo que tenían en mente los anfitriones.

 

Texto_Juan Antonio Gómez, DEAR director

 

 

Desde DEAR MAGAZINE defendemos el placer de vestir como a cada uno le gusta. Pero si alguien nos invita a un evento, también nos está contando cómo ha imaginado esa celebración. Respetar el código de vestimenta es una forma sencilla de decirle: “Gracias por invitarme, he prestado atención”.

Eso no significa disfrazarse ni perder la personalidad. Un esmoquin admite actitud; un look de cóctel, creatividad; y hasta el casual chic permite muchas interpretaciones, aunque el chándal tenga pocas posibilidades de salir airoso. Ante la duda, siempre se puede preguntar. Es mucho más fácil que pasar toda la noche explicando por qué uno parece venir de otra fiesta.

Vestirse para la ocasión también forma parte de la fiesta. Y hacerlo con una sonrisa, todavía más.

En estas fotografías encontrarás nuestras recomendaciones para acertar con cada código de vestimenta que figure en una invitación.

 

 

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