Tuvo que “exiliarse” a Francia porque aquí en España no se la valoraba como merecía y nos interesaban, mucho más, sus cotilleos. Ahora, como la buena actriz vuelve a asomar la patita porque la tierra, aún con esas, tira y ha llegado la hora de que se la ponga en su sitio.

Y, de momento, no ha habido mejor ocasión de hacerlo que homenajeándola con el Premio Feroz de Honor, otorgado por la Asociación de Informadores Cinematográficos de España, por toda su carrera. Un galardón que viene a suavizar las tirantes relaciones de amor/odio que España ha tenido con ella, a pesar de haber sido una de nuestras actrices más importantes desde finales de los 70.

Una madrileña que comenzó, en esto del espectáculo, de la mano del director Richard Lester en Robin y Mariam (junto a Audrey Hepburn y Sean Connery) para pasarse los dos años posteriores como azafata del Un, dos, tres… responda otra vez y posteriormente retomar su carrera actoral con lo mejorcito de nuestro cine (Juan Antonio Bardem, Vicente Aranda, Mario Camus, Jaime Chávarri, Manuel Gutiérrez Aragón, Jaime de Armiñán y Pedro Almodóvar, entre otros).

Una extensa carrera en nuestro país que no le impidió saltar al vecino y hacerse una carrera paralela en el cine galo, convirtiéndose en toda una leyenda allí y una indispensable de las películas de Gérard Jugnot o de Charlotte de Turckheim, aunque desde 2016 haya retomado sus relaciones con nuestro cine de manera más continua (Nacida para ganar de Vicente Villanueva, Bernarda de Emilio Ruíz Barrachina y La lista de los deseos de Álvaro Díaz Lorenzo)

Ahora, con esa fama de borde, irrespetuosa, mujer sin pelos en la lengua e incluso, en ocasiones, vulgar, la Abril vuelve para desmontar todas esas tonterías que solo puede inventar la gente más envidiosa, porque en España es el deporte nacional, y enfrentarse a las ovaciones de un público que siempre la hemos aplaudido porque sabe/sabemos valorar a esas personas que cuando las crearon, rompieron el molde. ¡Bravo, Victoria!

Posted by:Bru Romero

La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida, antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.

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