Un año más Nueva York (y las redes sociales) vuelven a arder al festejar su hilarante, divertida y solidaria gala del MET (Metropolitan Museum of Art). Una nueva edición que amparada por el sentimiento más camp y el buen hacer de los invitados más entregados a la causa vuelve a dar que hablar, demostrando que la moda es de la pocas que sí sabe reírse de ella misma. ¡Gracias a Dios!

Susan Sontag y sus ‘Notes on Camp’ de 1964 se encargaron de dar alas a la imaginación de los asistentes para jugar con looks que brillaran por su antinaturalidad y exageración, a golpe de ironía y humor. Y eso es lo que ocurrió.

Una gala benéfica por cuyas invitaciones muchos se siguen pegando en la Gran Manzana y que de no recibirlas en correo ordinario (¡qué camp!) supondría un pequeño desembolso de unos 30.000 dólares por cabeza de nada. La fiesta de las fiestas de la primavera que arremolinó a los hombres (y mujeres) con más seguridad en sí mismos de show (and fashion) business que no quisieron perder comba en este happening para desarrollar su vena más hortera y sin enfrentarse a los “arrrrrrrrg” más virales puesto que la veda estaba abierta y el mal gusto, permitido.

De ahí que aplaudiéramos la entrada cual Cleopatra 2.0. de un Billy Porter que trajo consigo la estética a ballroomera de los 80 embutido en un dorado body (firmado por The Blonds) con alas que Isis hubiera envidiado; la capa con plumas de marabú de Hamish Bowles tras la que se encontraba John Galliano para Maison Margiela y un traje tan desestructurado como loco e impecable; los Pili y Mili de la noche a los que dieron forma un Harry Styles y Alessandro Michele de Gucci from head to toe (que dirían los yanquis) que saltándose cualquier regla en lo que a masculinidad se refiere, abrazaron sendos looks a medio camino entre el vestuario para una comunión/boda y la androginia más gótica con bien de volantes, transparencias, guiños victorianos y lamé; Ryan Murphy que seguía sus pasos pero con una capa cuajada de perlas y con la que el diseñador Christian Siriano hacía presencia sobre la “pasarela”; la chaqueta bordada de Darren Criss con su gran lazo al cuello y maquillaje fantasía; el esmoquin vainilla de Benedict Cumberbatch que parecía sacado de cualquiera de las novelas de Tennessee Williams o, incluso, Truman Capote y el mano a mano que se trajeron Jared Leto y Ezra Miller que en Gucci y Burberry supieron dejar al personal con la boca abierta y con esa extraña sensación de terror versus pavor. Era noche para ello, noche para explorar, para la locura más de moda y para una Anna Wintour que otra vez en Chanel fue la menos protagonista de l@s protagonistas. ¡Bravo, bravo y bravo! El camp mola.

FOTOS: Getty Images y AFP

Posted by:Bru Romero

La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida, antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.

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