Nació el mismo año que George Harrison y Mick Jagger y no podemos decir que su estrella se pierda entre semejante compañía. Trajo de cabeza al Vaticano que no entendía porque esta chica italiana de rubia cabellera se empeñaba en mostrar su ombligo mientras entonaba el ‘Tuca Tuca’, pero ella cantaba a la ‘libertá’. Y no solo lo hacía con un piquito de oro nada ortodoxo para la época sino con todo su cuerpo y su famoso toque de melena.

Era naif, kitsch y toda una diva del porno pop (aunque ella siempre quiso ser coreógrafa), ella era la voz de la liberación sexual más setentera y de las pocas mujeres que demostraron que una vida con prejuicios jamás sería vida, pese a venir de una recta familia boloñesa como la rigurosidad de la época mandaba. Ella explotaba. No quiso quedarse a vivir en Hollywood pese a compartir escenas con Sinatra o Bill Cosby. No pretendió ser la sucesora de la Lollobrigida porque a ella no le iba socializar a golpe de combinados, tragos y rayas de cocaína pero ello no le impidió que consiguiera la luna con la misma rapidez que pedía a la sastra que le hiciera el corte del escote de la espalda mucho más profundo o que se hacía con España con tan solo descolgar el teléfono de su programa en Madrid ‘La hora de Raffaella Carrà’. Y así, hasta los 77 que cumple hoy .

¿Qué sería el mundo de no haber existido la Carrà? Ni idea, tendríamos que haberla inventado. Para prueba, este ‘Io non vivo senza te’ que cantó en Millemilioni (1980), porque tuvo más canciones que ‘A far l’amore…’, ‘Fiesta’, ‘Rumore’ o ‘0303456’ que, por si no lo sabes, canta a la masturbación femenina y si no, qué pensabas que quería decir con aquel «mi dedo está enrojecido de tanto marcar. Se mueve solo, sobre mi cuerpo y marca sin parar 5-3/ 5-3/ 4–5-6. Ya no vengas que aquí no hay nada que hacer. Sin ti aprendí que hay muchas formas de poder vivir y el teléfono podría olvidarlo ya».  Tanti Auguri, Raffaella!

Posted by:Bru Romero

La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida, antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.

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