Junto con las cocinas mejicanas, china y japonesa, la peruana ha seguido manteniendo un perfil demasiado alto como no la tengamos en cuenta. Perú ha demostrado (gracias a restaurantes como Tiradito, Barra/M, Chambí o Astrid y Gastón) que tiene mucho que ofrecer. Una mezcla de creatividad, color y sabor que convierten a su propuesta gastronómica en la perfecta opción si te va el exotismo y esa explosión de fantasía en boca que siempre pone. Y si no que se le digan a Tampu.

Los creadores de La Cevicuchería sabían cómo hacerlo para volver a dar en el blanco. Situado en pleno barrio de Chueca (aunque el origen se remonta a hace 8 años en el barrio de Prosperidad), Tampu es la excelente ida de olla de Miguel Valdiviezo que sabe exprimir el recetario tradicional para dar con la quintaesencia de lo que se entiende hoy por vanguardia y modernidad.

Una cocina abierta al sabor por encima de todas las cosas y con la que descubrimos de qué manera evoluciona y se gana al comensal. Elaboraciones que llaman su atención, gracias a ingredientes de lo más auténtico y guiños a la gastronomía italiana y a la nuestra que siempre encuentra la dosis perfecta. De ahí, que rocemos el orgasmo con el paladar a través de platos como sus mejillones abiertos al vapor y cubiertos de crema de langostinos, navajas salteadas al wok con crema de aceituna, sanguchitos de jalea de corvina o chicharrón, croquetas líquidas de ají de gallina, bombitas de arroz con pato, ceviches clásico de corvina o de chipirón con langostinos, almejas, pulpo y mejillón, el cochinillo confitado sobre un quinoto al aroma del queso gallego Arzua Ulloa, la carrilera de cerdo ibérico guisado o un lomo saltado al estilo criollo que nos devuelve a la vida.

Una oportunidad perfecta para no malgastar nuestra opción a comer fuera, ya sea con amigos o con la pareja, y empezar con un pisco sour que no nos haga perder la razón pero sí probar a qué sabe la locura.

Posted by:Bru Romero

La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida, antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.

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