¡Adiós, papada!

Poco a poco te fue saliendo esa especie de doble barbilla. Y creías que cuando adelgazaras un pelín se notaría menos. Pero resulta que adelgazaste un montón y ahí sigue. No es que alguien te haya echado una maldición gitana, te haya puesto unas velas negras o clavado unos alfileritos en un muñeco sospechosamente parecido…

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