Sabemos lo mucho que te gustó Top Gun Maverick (la segunda parte de la Top Gun ochentera) y las ganas que tenías de ver a Tom Cruise paseándose por la alfombra roja, perdón, champán del Dolby Theatre, pero es que el actor tenía una razón de (mucho) peso para declinar la invitación.

Si hay una misión verdaderamente imposible para Hollywood es conseguir que Tom Cruise vaya a cualquiera de sus entregas de premios. Y es que el niño bonito de aquella industria que se enamoró de él en ‘Rebeldes’, ha cambiado mucho desde entonces. Tom Cruise no fue a la pasada gala de los Oscar porque no le dio la santa gana, y porque tenía mejores cosas que hacer.

Actualmente, graba la última de Misión Imposible, una saga que se inventó para su único paseillo frente a un Hollywood que le daba la espalda y al que más de una vez ha salvado de la ruina. Y es que, lo que en un momento parecía que iba a ser una carrera curtida entre el drama y la comedia (El color del dinero, Cocktail, Rain Man, Days of Thunder, Entrevista con el vampiro, Jerry Maguire, Eyes Wide Shut, Minority Report…), pronto empezó a virar en superproducciones donde los puñetazos y los megasaltos mortales se convertían en su mejor hazaña. Un trabajo mucho más físico con el que Tom Cruise revolvía contra el pasar de los años, contra la pérdida de esa guapura de los primeros años que tanto morbo daba y que ha ido transformándose hasta esa apariencia de Raphael en películas de acción, que tanto están ayudando a los estudios a sobreponerse de la pandemia.

Pero, ¿por qué no le vimos en la pasada entrega de los Oscar pese a estar su película, Top Gun Maverick, nominada? ¿Puede ser que porque no hubiera conseguido una nominación como prota? Pues bien, puede que algo de ego vaya en su decisión de no asistir, pero la principal es que no le dio la gana. No hay que olvidar que desde 2006, más o menos, Cruise comenzó a tener muy mala relación con Hollywood, pues su estrecha unión con la tan criticada Iglesia de la Cienciología no le hacía ningún bien. Eso, unido con múltiples declaraciones y salidas de tono por las televisiones no ayudaron a que el neoyorquino mantuviera su ya mítico contrato con Paramountt Pictures y que su pase de oro para todo por ser el niño bonito, niño mimado, no le fuera retirado.

Después de ese año, veríamos como Cruise arriesgaría más, pero también haría buenísimos papeles y malísimos, también. Una carrera «en solitario», por así decirlo, que no le iba nada mal, y que le ha ayudado a convertirse en el azote de una industria a la que no le gusta que le saquen los colores. Así, hace dos años devolvía sus Golden Globes ganados por Nacido el 4 de julio (1990), Jerry Maguire (1997) y Magnolia (2000) en protesta por la falta de diversidad de estos premios. Con este historial, cualquiera le dice algo.

Su ausencia en los premios, eso sí, no pasó desapercibida pues no fue una ni dos las bromas que el presentador Jimmy Kimmel hizo al respecto. Al fin y al cabo si tanto interés tenían James Cameron (otro ausente) y Cruise de que fuéramos a los cines (allí se les llama teatros), ¿cómo es que ningunos de los dos estaba presente en el Dolby Theatre aquella noche. Lo dicho, porque no le dio la gana y porque sabe que está por encima del bien, del mal y de su propia edad. No sabemos la Cienciología que pensará de todo esto. A nosotros nos seguirá gustando igual, aunque temamos por su vida cada vez que se le ocurre dar otro salto mortal.

Posted by:Bru Romero

La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida, antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *