Nadie estaba preparado para que nos dejaras tan pronto, David. Nadie. Nadie imaginó que pese a estar enfermo de cáncer cerebral y estar luchando contra él desde 2016, pudieras bajarte de esta vida que pese a no estar pasando por su mejor momento, todavía tenía que ofrecerte tanto y tú a ella. Nadie. Nadie quería que ese día gris llegara, que el tren alcanzara la terminal y que nos tuviéramos que despedir, forzosamente, de un incomprendido que cada vez resultaba más comprendido.

No valoramos a la gente que se desaparece y, seguramente, ahora habrá muchos que resalten todo lo bueno que había en ti pero también fuimos muchos que vibramos contigo a cada paso, a cada creación, a cada nuevo hilván y nueva idea loca, excéntrica, trasgresora pero milimetrada y bien pensada.

Todo empezó en Ronda, la ciudad malagueña y salerosa que te vio nacer hace 46 años y donde decidiste ser artista, diseñador. Openin Nite, los hermanos Postigo y Bimba, la controvertida Cour des Miracles, Magritte y Buñuel, fotografía, música, video, Louise Bourgeois, espectáculo, heridas abiertas, tinta, mentiras, cremalleras, color, cuerpos extraños, monstruos, infiernos, selfies… y moda. Mucha moda mejor o peor entendida.

Conseguiste tener tu particular hinchada. Admiradores que siguieron tu trabajo y nada tenían que ver con la tribu que tenías por amigos, que también, sino fieles que descubrieron en ti, la importancia de no ocultar las rarezas, el dolor, lo catártico de sus vidas o sus síndromes no diagnosticados. Nadie era capaz de girar la cabeza para otro lado porque cada vez te hiciste más presente en la vida de todos. Todos. Todos aquellos que aman, han amado o amarán la moda no como una doctrina que evangeliza sino como un particular infierno que adquiere significado al convertirse lenguaje. Lenguaje, en este caso, de un hombre hecho a sí mismo con un mundo interior lo suficientemente preparado como para haber diseñado más de una vida, con talento más que necesario para convertir a aquellos soñados delfines en su particular representación onírica, animal que dejaría de ser animal para convertirse en genio.

Todos soñábamos con una milagrosa recuperación, con un guiño celestial que te impusiera las manos y sanaras como aquel ciego que vio, aquel paralítico que volvió a andar. Nadie pensó que este momento llegaría. Tenías tanto que seguir ofreciéndonos. El destino siempre es caprichoso pero se lleva a los mejores. Nos dejas huérfanos, desamparados ante una revelación mortal que graba una nueva herida sobre nuestra piel. Nos dejas necesitados de cariño, arte, amistad, momentos inolvidables, normalidad, riesgo, valentía e ingenio.

Nos quedamos tristes, sin ese diastema que embobaba, sin esa simpatía y empatía propia de quien no entiende de divismos ni de postureos prêt-à-porter. Un forofo del trabajo bien hecho, de la constancia y de la búsqueda de la sorpresa. Amante de lo kitsch y de lo cosy, maestro de los patrones ambiguos, de la impecable yuxtaposición en tiempos de cólera y minimalismo, del trampantojo de etiqueta, de la distorsión del color y la torsión de la pureza, del vestuario fast good y de looks icono que jamás olvidaremos.

Te lloramos pero en el fondo nos alegramos de que por fin hayas descansado, hayas dejado a tus manos volar, hayas expirado y te hayas marchado de esta vida en la que todo hombre mata lo que ama pero no todos mueren por ello. Tu trabajo perdurará, tu personalidad seguirá marcando y tus prendas serán el amuleto de quien las posea. Amuleto hecho textil con el que seguiremos recordando a ese hombre que lo dio todo por la moda, que luchó por romper barreras, que no apostó por el qué dirán y sí por el ser coherente con unos sentimientos que no admitían clasificación alguna y que fue capaz de tocarnos el corazón, robarnos una parte de él para dejarnos, de por vida, conectados por una fuerza extrasensorial que ahora nos reconforta en nuestro duelo. Buen viaje, David. Pablo, estamos contigo. Recordémosle con una sonrisa.

Posted by:Bru Romero

La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida, antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.