Siempre he sido muy de coleccionar recuerdos y este era uno que quería para archivar. Rosalía daba concierto en Madrid y, sin ser yo millennial (ni nada de eso), no necesité de muchas ganas para verme inoculado con la fiebre ‘Motomami’. Una gira con la que la buena de la sancugatense volvía a aquel WiZink del que, en diciembre de 2019, se había despedido con aquel “No sé cuándo volveré a cantar en un sitio como este, canciones como estas”, y que sonaba hasta profético. De ‘El Mal Querer’ se pasaba al orgullo meme más punkarra con un show que, lo más seguro, quedará para el histórico de los más fanáticos y para el recuerdo de los que hemos caído ante su embrujo tiktoker.

Una noche en la que no nos dio tregua, aunque a veces me costara entenderla, y en la que me emocioné con la sola idea de que ella, constipada viva, estaba más emocionada que la última mona en esa pista en la que no cabía ni un grito de los 15.000 que ya se escuchaban. Un espectáculo para disfrutar bailoteo en sitio y teléfono en mano y en el que solo me faltó ser adoptado por LA MOTOMAMI que iba chequeando las pancartas asistentes y que a pesar de tener mucha faena fuera, hizo un esfuerzo por prohijar a más de uno. Un planazo que, menos mal no me perdí, pues de hacerlo no hubiera tenido la posibilidad de ver a esta monstrua de la constante reinvención y del carisma más minimalista constantemente criticada por haber sido capaz de subir al escenario a un cuerpo de baile entregado al poderío flamenco-reguetonero (y a la medida coreografía del cámara-sombra) y eliminado cualquier rastro de orquesta a su vera. Una modernidad en tiempos en los que el verdadero negocio es sacar todo el rédito posible a un momento, fabricar contenidos para consumo follower y éxito comercial.

Una Rosalía que sabe lo que quiere y sabe usar las herramientas de que dispone y con las que consigue cambiar las reglas del juego, de lo estático y únicamente musical al más depurado videoarte. Un videoclip de no más de 90 minutos en el que ‘Bizcochito’, ‘Hentai’, ‘G3 N15’, ‘Saoko’, ‘Como un G’, ‘Sakura’, ‘Chicken Teriyaki’, ‘Bulerías’, ‘Delirio de Grandeza’, ‘La Combi Versace’, ‘Abcdefg’, ‘Sakura’ o ‘CUUUUuuuuuute’ se mezclaban con «improvisaciones» varias y algún temita dosmilero que, sin llegarle a toser a las referencias alta costura de Tangana, están cosidos a la piel en cueros de Rosalía (gracias a Pepa Salazar) y le sientan igual de bien que el casco iluminado de mi talentoso Carlos Sáez o la bata de cola, de Lina, de 12 metros para ‘De Plata’. Ella maneja, Dios le guía. ¡Suerte en tu gira en Sudamérica, Rosi!

Foto: Mariano Regidor/REDFERNS

Posted by:Bru Romero

La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida, antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.

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