No sería la primera vez que te decimos que en el mundo todavía existen países en los que es delito amar diferente. Sí, algo tan bonito como el amar a alguien, quererlo hasta doler y vivir con esa ilusión que todos nos merecemos está penado en muchos puntos de nuestro loco mundo por el simple hecho de amar a una persona del mismo sexo. Un delito que es castigado en 72 países, en tiempos donde creemos que hemos avanzado mucho pero no tanto y que gracias al trabajo de Robin Hammond, entre muchos otros, se sigue luchando para acabar con esta idea absurda por la que tantos sufren, son insultados, agredidos y marginados (y eso, en los mejores casos) Pero, ¿quién es Robin Hammond?

Desde hace años el fotógrafo neozelandés Robin Hammond se ha encargado de fotografiar los derechos humanos. Sí, lo que oyes. Mientras que unos se decantan por la fotografía paisajística, la de interior, la de moda o los selfies por los baños del mundo, Hammond se interesa por el derecho humano en su versión más gráfica, una labor por la que ha recibido premios como el World Press Photo, el RF Kennedy Journalism Award y el W.Eugene Smith Award for Humanistic. Galardones que no han hecho otra cosa que animarle a seguir con una labor de concienciación y empatía con aquellos que sufren y que se ha materializado en su proyecto Where Love Is Illegal.

Un proyecto materializado en una gran colección de autorretratos publicados en su web que nos devastan con tan solo mirarlos y tras la que se encuentra la organización sin ánimo de lucro Witness Change, contra la intolerancia y persecución indiscriminada. Una mirada absolutamente humanizada sobre la persecución que miles de personas viven en sus propias carnes cada día y que ayuda a comprender que en otros países ser homosexual no resulta tan fácil pero que los derechos del ser humano son derechos en cualquier lado y como tales, hay que defenderlos. Como decíamos al principio, Robin Hammond pone su granito de arena.

Posted by:Bru Romero

La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida, antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.

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