Tuvo una vida dura pero una dulce ocaso. De haber nacido en América, Carmen de Mairena hubiera sido musa de Warhol o de un Waters, en estado de gracia y de lo más kitsch, pero lo hizo en una España franquista que la persiguió amparada por la Ley de vagos y maleantes que atemorizaba a la comunidad LGTB del momento. Hoy, Carmen nos dice adiós y es en este momento cuando podemos confirmar que ha nacido un mito.

Poco se sabe de aquel Miguel Brau que se ocultaba tras la imagen de una Carmen de Mairena, transformista primero y mujer transexual, después, desde los 70. Pero poco importa si el talento y la estrella seguían presentes. Conocida por su rapidez lingüística, su mordacidad extrema, su dominio del pareado (“en boca cerrada no entran moscas, entran pollas como roscas”, “si tú me enseñas el madroño, yo te enseño to’ mi coño”, “chupa y mama, que se derrama” o “ayer me lo hice con un vasco y me dejó el culo hecho un asco”, entre otras) y de unos potentes encantos físicos que darían la vuelta a la carrera de cualquier drag que se preciara.

De los cuplés y folclorismos varios (inspirados en su Lola, su Remedios, su Marifé… y tantas otras) de los 70 a la prostitución de los 80, para paladearse las mieles de una televisión de los 90 que le abría sus brazos en programas de share galáctico. Crónicas Marcianas y Javier Cárdenas fueron la válvula de escape, los salvadores, de esta mujer que les había pasado put*s (nunca mejor dicho) y que sin ser reconocida por su faceta musical (algo que le fastidiaba), veía cómo su nombre era gritado por las gargantas de unos fans que no le daban la espalda.

Un rescate que la acompañó hasta sus últimos paseos por las Ramblas que hoy lloran su pérdida, la despedida de una “mujer libre, fuerte, valiente y luchadora, que ha sido y será un icono LGTBIQ, dando visibilidad y luchando por los derechos del colectivo en épocas muy duras y difíciles”, indispensable para todos aquellos que amamos a los iconos pop nacionales. Desde hoy, nuestro mito favorito.

Posted by:Bru Romero

La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida, antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.

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