Hay llamas que no consiguieron quitar el brillo a aquellos sitios donde fuimos felices, y eso es quizá lo que ocurrió con Mazarino. Un local tan mítico como el madroño de la Puerta del Sol que vuelve a fulgir como aquel bar-restaurante setentero que nunca dejó de ser.

Cuando hace dos años se jubiló Fermín, su dueño, el futuro de Mazarino quedó en el aire. Lo que en un momento pareció que se convertiría en un nuevo Café de París, pronto se disipó hasta transformarse en lo que hace décadas era. Un cambio que eliminaba cualquier recuerdo de aquel anterior bar de copas en el que lo convirtieron, por un mal lavado de imagen en tiempos de crisis, y que desde su reapertura gust a locales y curiosos.

Un nuevo Mazarino que haría enmudecer hasta a Rocío Jurado (ella fue quien promocionó en el 72 el original) y que gracias al estudio de diseño Sierra + de la Higuera luce más que perfecto en una nueva vuelta a la vida social madrileña. Coordenadas de encuentro para una variada amalgama de generaciones que ven en el Mazarino un sitio más que perfecto no solo para comer o beber, sino también para arreglar el mundo.

Un local donde, a modo de escenario teatral, bulle de igual modo de las bambalinas al exterior que del exterior a las bambalinas y donde ya sea un plan de mañana, como uno de tarde o de noche y madrugada nos sientan igual de bien.

¿Tienes hambre? Pídete el mollete de solomillo de vaca, su ensaladilla rusa, los callos a la madrileña, sus mejillones en escabeche, la txistorra o el steak tartar, el pargo o el rapito a la bilbaína con panaderas o su pulpo con mojo y revolconas, si unas meras raciones se te quedan en el diente. ¿Te van las experiencias intensas? Su solomillo de vaca a la pimienta o unos contundentes huevos fritos con patatas y carabineros saldrán a tu paso. Termina la reserva con el tiramisú de la casa que tan bien irá con una copita, ya sabes, para asentar el cuerpo.

Posted by:Bru Romero

La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida, antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.

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