Tal y como está el patio y viendo que aún no se ha decidido el sucesor de Daniel Craig para interpretar a uno de los agentes especiales «con licencia para matar» más importantes de toda la historia, proponemos a Luke Evans para el papel y no hay más que hablar. Si el único precepto para Barbara Broccoli y Michael G. Wilson, los productores de las películas, es que el actor elegido sea inglés, ¿acaso no hay alguien con más flema inglesa que el bueno(rro) de Luke, sin contar con Jeremy Irons?

“No creo que mi sexualidad sea relevante para hacer el papel”, de este modo dejaba Luke Evans más que claro sus ganas de interpretar al personaje salido de la pluma de Ian Fleming en 1953. Una posibilidad surgida por una serie de rumores que en los últimos tiempos han corrido como la pólvora por las redes sociales y que han abierto el debate público de si Evans sería un James Bond a la altura… o no.

Sí que es verdad que desde que James Bond saltó a la gran pantalla siempre se ha personado a través de los más machorros y heterazos actores sobre la faz de Hollywood. Solo hay que ver cómo Roger Moore, Sean Connery o Daniel Craig se hacían con las hechuras del personaje sin que ni un solo porcentaje de su virilidad fuera cuestionado (bueno, Daniel…), pero, claro, en los tiempos en los que estamos quién se atrevería a convertir la diversidad en un factor a la hora de elegir entre un actor u otro?

Por todo esto, y por la dilatada carrera de este galés imparable, que lo mismo se marca un papelón en una serie para Netflix como le da voz a un personaje Disney o se marca un show, como cantante, en el Royal Albert Hall, ante su Graciosa Majestad (que ya en paz descanse), creemos que Luke Evans podría ser un interesante candidato para que hordas de espectadores y cinéfilos corrieran a las butacas para ver lo bien que le sienta la ropa de sport, el tuxedo o la ropa de baño. ¿O no? Como diría nuestra amiga La Drama Queen: ¡uff, Samur! Pues eso, que Luke tiene que ser el próximo Mr. Bond, ¡y no se hable más!

Posted by:Bru Romero

La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida, antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.

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