Si misterios como el de la ciudad perdida de Atlántida, la Sábana Santa, Stonehenge y sus enormes rocas, las líneas de Nazca o el que rodea a la figura de José de Nazaret y su extraña desaparición te siguen robando el aliento y, en ocasiones, las ganas de dormir, seguramente la cosa empeore cuando te digamos que aún tendrás que esperar 62 años más para saber qué pasó con Lady Di en aquel puente de l’Alma aquel fatídico 31 de agosto del 97.

Un verano que se teñía de negro de manera casi mundial donde la noticia del fallecimiento de la princesa Diana nos dejaba huérfanos de royal favorita. Un accidente de coche que se llevaba a la reina de corazones junto a su novio Dodi Al Fayed, al chófer del vehículo y al guardaespaldas de la pareja de tortolitos cuando huían de los paparazzis que los perseguían. Un fatídico final cuyos detalles se fueron recogiendo en un expediente que al nombre de 18 – 30 – 6000- 75 aún permanece oculto bajo llave en el Tribunal de Apelaciones de París.

Nada más y nada menos que 6.000 páginas que 30 agentes se encargaron de redactar durante casi un año y medio de investigaciones y que desgranan la realidad tras la incógnita que dejaba un Mercedes S280 y una sociedad conmocionada. Un documento que, al amparo de la Reina Isabel y de las autoridades francesas, quedaba retenido durante 75 años, gracias a una extraña ley, no sin antes despertar las ideas de conspiración tan repetidas durante todos estos años.

Demasiada información para un público que necesita saber pero que tendrá que esperar hasta 2082 para, por fin, descubrir por qué todo sigue tan nublado y por qué Isabel II de Inglaterra sigue tan interesa de que cuando la verdad salga a la luz casi ningún coetáneo al accidente siga vivo. ¿No habrá alguna manera de conseguir la llave que encierra el secreto mejor guardado? Confíemos que se produzca una filtración. No aguantamos más.

 

Posted by:Bru Romero

La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida, antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.

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