No podemos olvidar que, aparte de carnes, pescados y frutas, España es famosa por sus verduras. Debemos sacar pecho por la huerta de Europa y no nos parece ninguna mala idea, acercarnos por La Huerta de Tudela, claro ejemplo de ello de que con buen producto, se nos puede olvidar, a veces, hasta la proteína.

Ponemos rumbo al Barrio de las Letras, pues nos enteramos que el chef Ricardo Gil se ha montado una huerta desde donde dispone y propone de unas materias primas impresionantes. Porque si hay algo a tener en cuenta, antes de cruzar el umbral de La Huerta de Tudela, es que lo que vamos a vivir es una experiencia de producto total donde a cada bocado llevarnos un verdadero golpe de sabor.

Una propuesta culinaria rica, potente y bien sana donde ya sea desde su barra o en sus mesas bajas, poder disfrutar de un desfile de productos que creíamos ya extinguidos, texturas finas y descomplicadas y unos sabores que nos recuerdan a cuando aún no peinábamos canas.

Una ida de olla que junto al chef Gil nos convence de que aún existe la naturalidad y la autenticidad en el moderno mundo de una gastronomía a la última, pero que no suelta de la mano a esas materias primas que nos han acompañado desde que nacimos.

Así, platos como su hojaldre crujiente relleno de crema de puerro roto al aceite de gambas, sus láminas de patata confitadas en aceite de codillo de jamón con borrajas y sus cremitas, sus alcachofas con foie, la paletilla de ternasco de Aragón rellena de verduras con salsa de chilindrón y crema de patata, la deliciosa menestra, la corvina en salsa de cava o el puerro asado con cebolleta confitada al chardonnay sobre una base de calabaza y acompañado de pimientos de cristal, resonarán en tu cabeza por mucho tiempo, porque no hay amor más profundo que por una verdura o una hortaliza tratados como se merecen. Ricardo Gil lo logra con creces.

Posted by:Bru Romero

La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida, antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.

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