Desde que el hombre es hombre siempre ha sentido un auténtico interés por la joyería pese a lo que muchos puedan creer como campo exclusivo para las mujeres. Solo hace falta remontarnos a siglos atrás para descubrir cómo eran muchos los varones que se hacían con joyas muy dispares ya sea como símbolo de riqueza, simbolismo, uso funcional, expresión artística o protección. Categorías que siguen estando muy vigentes aunque la de funcionalidad sea, quizá, la más extendida. Y es que el hombre, más allá de pretender epatar y mostrar rumboso su estatus pretende, muchas veces, completar su look con piezas que combinen de manera natural con el rol que lleve. Objetos que al igual que un reloj, unos gemelos o alfiler de corbata (cada vez más en desuso) recuperan esa tendencia del hombre hacia la joya por el puro placer de redondear aún más su estilo.

Por todo esto (y mucho más) no alegra saber que del 4 al 6 de octubre se vuelve a celebrar en Barcelona, una nueva edición de JOYA Barcelona (entrada gratuita) en la que no se olvidan de nosotros y que cumple este año nada más y nada menos que toda una década. Más de 1.818 artistas y casi 22.000 visitantes que en estos años no han querido perderse esta feria en la que han podido conocer de primera mano el trabajo de grandes talentos de la joyería representados individualmente o por escuelas, galerías, colectivos e instituciones. Este año, como novedad, se premiará con el JOYA-WORTH Award al mejor creador de esta edición, lo que conllevará no solo que entré a formar parte del Worth Project sino que recibirá 10.000 euros para que siga desarrollando su arte joyero. Asimismo, lo más entendidos podrán disfrutar de una retrospectiva del joyero catalán Ramón Puig Cuyas que muchos recordarán por su labor docente durante 40 años en la Massana.

Un sector que, como vemos, sigue siendo emergente y que celebra de qué manera un objeto puede convertirse en joya y una joya de autor puede convertirse en objeto. Y es que no hay nada mejor que tener buen ojo.

Posted by:Bru Romero

La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida, antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.

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