Echamos la vista atrás y nos acordamos de aquella Melita de Lo que el viento se llevó. Un papel que nada tenía que ver con la personalidad arrolladora de una Olivia de Havilland que, nacida en Tokio el 1 de julio de 1916, tuvo que dejarse las uñas (y no solo sobre su hermana, la también actriz Joan Fontaine con la que mantuvo una relación a bocaos hasta la muerte de Fontaine en 2013) para hacer una carrera de actriz protagonista alejada de cualquier ñoñerío propio de los primeros años del cine clásico hollywoodiense.

Se enfrentó a Jack Warner precisamente por eso, no quería ser la “sweet young thing” sino que quería papeles con más recovecos, más complicados, más substanciales como los de Robín de los Bosques (1938), Dodge City (1939), La vida privada de Elizabeth y Essex (1939), en la que compartiría metraje con su amiga de vida Bette Davis con la que volvería a coincidir en el 42 en Como ella sola y más de 20 años después, en 1964, en Hush… Hush, Sweet Charlotte. Dos mujeres conocidas por su ferocidad a la hora de defender lo suyo, como así hizo Olivia al denunciar a Warner Bros por suspenderla durante meses y tratarla como mero número más dentro de una productora que movía las fichas a su antojo con contratos de 7 años. Todo esto acabó tras la resolución del tribunal que dio la razón a De Havilland en lo que se llamaría “the De Havilland decision”, un golpe en la mesa contra el monopolio cinematográfico. Aún con ello, tuvo tiempo para ganar dos premios Oscar por La Vida Íntima de Julia Norris (1946) y La Heredera (1949) lo que la encumbrarían en el olimpo de esas estrellas a las que tanto maltrató la meca del cine pero aplaudió un entregado público. Incluso el de su hermana que, pese a alimentarse el rumor de que se odiaban mutuamente, no pasaba más allá de la rivalidad de dos actrices de primera frente a una serie de papeles de lo más jugoso, dos talentos que de enfrentarse lo hacían como dos hermanas que quieren imponerse una a la otra. Todo lo demás… puro amarillismo.

¿Sabías que, además, la De Havilland es la actriz con el récord de mayor número de agradecimientos en un discurso de aceptación del Oscar (27), que se marcó nada y nada menos que 8 películas con Errol Flynn (y algún que otro flirteo y caída de camisón), que dada sus atípicas hechuras físicas, Edith Head tuvo que diseñarle todo un guardarropa con efecto slim, que dos de las películas que rechazó Ginger Rogers le supusieron a Olivia un Oscar y una nominación, que casi le roba el papel de Alma en Suplicio a Joan Crawford, a la que sustituye en Hush… hush, cuando la Crawford dijo chao pescao’; que fue la primera mujer en presidir el jurado de Cannes (1965), que sufrió en 2001 un ataque de Anthrax, que se retiró a su residencia parisina de Rue Benouville para disfrutar de un último y dulce retiro y que cada año que cumplía lo festejaba como una victoria más? Genio y figura y toda una leyenda como las que ya, ahora sí, no quedan. ¡Hasta siempre, centenaria (+4) Mrs. De Havilland!

Posted by:Bru Romero

La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida, antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.

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