Camilo Sesto fue mucho más que aquel ‘Mola Mazo’ de 2002 con en el que las generaciones que conocieron sus grandes éxitos se echaron las manos a la cabeza y las nuevas generaciones se enfrentaban a un mito que no era otra cosa que una imagen de lo que fue. Aún así, el tema se convirtió en la canción de verano, un peculiar canto de sirena de una estrella que perdía brillo, voz y el respeto de su público. Con su muerte, en la madrugada del pasado domingo 8, Camilo volvió a conseguir lo que durante estas últimas décadas no había logrado, que se le tomara en serio.

Camilo Sesto iba a cumplir en unos días 73 años. 73 años los de este hombre de familia alcoyana muy humilde que, como muchos, vino a Madrid a probar suerte y que como ya auguró (sin saberlo) en 1967, en la película Los Chicos del Preu de Pedro Lazaga, “con esta la voy a armar, seré famoso, grabaré discos que se venderán por millones” (haciendo referencia a su guitarra). Dio en el clavo.

Tras su paso por Los Dayson (con los que cantaba en bodas, bautizos y comuniones e hizo sus primeros pinitos en la capital), y cuando aún no se apellidaba Sesto sino Sexto, comenzó a hacerse de lo más popular de concurso en concurso musical de esos que alegraban la tarde a las familias de entonces y con temas como ‘A ti, Manuela’, ‘Lanza tu voz’ o su famoso ‘Algo de mí’ que le acompañaría hasta su muerte. Más tarde llegaría la OTI, en 1973, en la que obtendría un 5º puesto con su canción ‘Algo más’ y Viña del Mar, al año siguiente, tras el que comenzaría sus rutilantes giras hispanoamericanas a ritmo de su ‘¿Quieres ser mi amante?’, ‘Isabel’, ‘Ayudadme’ y, otros de sus clásicos, ‘Madre’.

Pero si hubo un punto de inflexión en su carrera (y en su vida) fue el 6 de noviembre de 1975 (Franco moriría el 20 de ese mismo mes) cuando estrenó su ópera rock Jesucristo Superstar (firmada por Andrew Lloyd Webber) que él mismo produjo a golpe de chequera (12 millones de pesetas) y dirigida por Jaime Azpilicueta. Una obra que puso en pie al respetable durante nada más y nada menos que 4 meses, enfureció a los más beatos y abrió la puerta del género musical en España en unos 70 en el que imaginarse a un Jesucristo de lo más hippie, micro en mano era demasiado pecaminoso para ser cierto (los micros, que no eran inalámbricos también se coreografiaron). Cuando la obra puso broche final a la temporada, Gillette le ofreció 50.000 dólares a Sesto para que se afeitara la barba, un dinero que iría a parar a un asilo de niños huérfanos.

‘Vivir así es morir de amor’ y su paso por el Garden neoyorquino (sí, el Madison Square Garden de Nueva York), en 1979, donde fue presentado como “el Sinatra de España” seguían labrando la leyenda de este hombre imparable que no solo rozaba el cielo del éxito con las manos sino más allá. La década de los 80 fue, sin duda, su verdadero guiño al sueño americano. Su residencia en Los Ángeles le permite cantar en Las Vegas, pasearse por todos los late night shows habidos y por haber y dejar a Hollywood impactado ante sus cuerdas vocales. México también se rinde a sus pies gracias a numerosas galas benéficas cuyas recaudaciones entregaba Camilo personalmente. En 1983, nace su único hijo Camilo Míchel, fruto de su breve idilio con Lourdes Ornellas y en el 1986 tiene lugar el momento más kitsch, por llamarlo así, de su carrera: actúa en Disneylandia tras formar parte de su desfile. Es en ese mismo momento cuando Camilo recoge su Grammy por ‘Corazón encadenado’, dueto junto a Lany Hall.

“Me voy porque quiero hacerme mayor viendo hacerse mayor a mi hijo”, de este modo anunciaba en la revista ‘Hola’ su despedida de las actuaciones en vivo y, poco a poco, de la vida social y musical. Corría el año 1987 y esto, unido a los rumores de que como Garbo o Dietrich su intención no era criar arrugas delante del respetable provocó que, poco a poco, fuera diciendo adiós en vida y recluyéndose cual ermitaño en su casa de 500 metros cuadrados (y 10.000 metros de terreno) de Torrelodones donde vivía. Una reclusión autoimpuesta que alimentaba cualquier tipo de rumor y que en 2013 fue alterada por el robo de joyas, dinero, alguna que otra peluca (sí, todo muy kitsch) mientras a Sesto lo habían amordazado.

En los años siguientes, Camilo ofreció recitales, siguió recibiendo homenajes por todo el mundo pero su ostracismo (que fue a peor) hizo que ocupara horas y horas de contenido amarillista en medios de comunicación. Esto unido a que, según parecía, el administrador de sus bienes impedía una relación fluida con su hijo Camilín se encargaron de ensombrecer una carrera impecable de éxito tras éxito que hasta la cantante neoyorquina Cardi B se encargó de aplaudir y homenajear al publicar dos stories despidiendo, a su manera, a Camilo. Un broche final a una carrera como pocas hubo y que lega más que un temazo con el que amenizar nuestras noches festivas con el hype por todo lo alto. ¡Hasta siempre, Camilo!

Posted by:Bru Romero

La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida, antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *