Consternados y sin palabras, así nos sentimos aún tras el brutal asesinato cometido en La Coruña por un grupo de hasta 12 personas que propinaron una paliza de 15 minutos a Samuel Luiz y que, como todos ya sabemos, le costó la vida. Una noticia que reabre una herida mal cerrada pues si somos muchos los que condenamos semejante acto, otros mantienen su neutralidad y otros, sencillamente, guardan silencio. ¿Acaso debemos mirar para otro lado?

Lo que iba a ser una noche más de fiesta con las amigas se transformó en la peor pesadilla de un joven con toda la vida por delante que en cuestión de cuarto de hora vió pasar todos sus recuerdos por delante mientras una banda de salvajes, personas que no deberíamos llamar personas, le pegaban puñetazos y patadas dejándole con un traumatismo craneoencefálico severo y el cuerpo politraumatizado. Una brutal agresión que para todos los que defendemos la libertad y la tolerancia nos descorazona al no entender cómo a estas alturas aún ocurren estas cosas y aún muchos tratan de “justificarlo”.

Un acto pendiente aún de catalogarse como homófobo (pues no se sabe si la condición sexual de Samuel fue motivo o no de la agresión) pero que nos obliga a cuestionarnos si estos son los jóvenes que queremos y que seguirán alimentando el odio de las generaciones que vendrán. Porque ¿por qué un hombre que pasea con su novio de la mano tiene que pasear con miedo?, ¿por qué un hombre que es amanerado tiene que aguantar la risa del desconocido?, ¿por qué un simple beso en una terraza entre dos personas del mismo sexo tiene que alimentar el odio?, ¿por qué un transexual debe sentir escalofríos, de camino a casa, una madrugada cualquiera?, ¿por qué no podemos sentirnos libres en una sociedad que aplaude la empatía y apoya la igualdad?, ¿por qué en una fiesta o reunión familiar tenemos que seguir escuchando el típico chiste del maricón de turno?, ¿por qué el gay sigue siendo el mejor “animal” de compañía?, ¿por qué los heteros se creen aún una “raza” superior?, ¿por qué no pueden convivir en armonía heterosexuales y homosexuales?, ¿por qué sigue interesando tanto con quién se acuesta y se levanta el vecino? ¿por qué sigue fastidiando la alegría y el Orgullo ajeno?, ¿por qué no se juzgan duramente este tipo de actos?, ¿por qué algunos miran para otro lado?, ¿por qué otros en disposición de romper lanzas a favor del colectivo, las siguen guardando en el armario?, ¿por qué se resisten muchos a plantar cara?, ¿por qué no vamos a una?, ¿por qué no sentimos la muerte de Samuel como nuestra, seamos o no homosexuales?, ¿por qué hay gente que sigue tildando al gay de enfermo?, ¿por qué no se curan ellos?, ¿por qué vivir intranquilos?, ¿por qué?, ¿qué más tenemos que aguantar?

Samuel somos todos, le pese a quien le pese. ‘¡Maricón!’ no debería ser la última palabra que escuches antes de morir.

#justiciaparasamuel

Posted by:Bru Romero

La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida, antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.