Ya nos enseñaron desde pequeños que la envidia es mala, muy mala, pero no podemos por más que sentir cómo recorre nuestras venas, nuestro cuerpo, al descubrir con quién se fue el osito Paddington a merendar hace unos días.

Nada menos que con la reina Isabel II, una compañera de té de lo más ilustre que no dudó en invitar al osito nacido de los trazos de Michael Bond, en 1956, y que desde entonces se ha convertido en toda una gloria nacional, símbolo de los los expatriados de la Commonwealth, de los niños refugiados en el Reino Unido desde la Segunda Guerra Mundial.

Un té de las cinco, sandwiches de mermelada mediante, con el que la monarca quiso retomar sus dotes artísticas (tras aquella participación junto a Daniel Craig en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Londres en 2012) aprovechando como excusa perfecta las celebraciones por su Jubileo de Platino. 70 años en el trono que han vuelto a permitir que la prima Lilibeth (que diría Don Juan Carlos) saque a pasear su flema inglesa y ese humor tan de la casa desde toda la vida.

Un encuentro divertido y que muchos, aún, no se termina de creer (ha ocurrido, ha sido real… en todos los sentidos) y que sirvió al pueblo inglés (y al mundo en su totalidad) para constatar que pese a sus problemas de movilidad, la soberana inglesa no ha perdido ni un ápice de encanto y ganas de celebrar. Una merendola que introducía los conciertos que más de 20.000 espectadores pudieron presenciar en vivo a las puertas del palacio de Buckingham, un testigo que recogía Queen, como primeros intérpretes sobre el escenario, y a los que Su Graciosa Majestad y Paddington daban paso haciendo tintinea sus tazas con cucharillas de plata. Un momentazo para el recuerdo y unos 96 años muy bien llevados, señora. Por otros 70 más.

Posted by:Bru Romero

La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida, antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.

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