Para algunos, seguramente, será la primera vez que oigan el tan popular término, mientras que para otros se haya convertido en una de las mayores pesadillas sociales y/o cívicas desde que el metro de Madrid vuela (y aún seguimos llegando tarde) o el «tengan cuidado para no introducir su pie entre coche y andén» inquieta y martillea nuestros nervios. Para los que no estén muy relacionados con el nuevo vocablo que más parece una marca de mantequilla británica by the appointment of Su Graciosa Majestad que su real significado, decirles que el manspreading viene a ser como la versión en inglés del espatarre de toda la vida pero en su versión para el transporte público. Sí, lo que oyen. Simple y llanamente y mucho menos, sin paños calientes.

Seguramente, en más de una ocasión, os hayáis intentado sentar en un vagón del metro, en el cercanías o simplemente en el bus, intentando sortear las piernas bien abiertas de un compañero de viaje un tanto incívico y entregado al aireo de sus reales joyas de la corona parada tras parada. Un momento que se convierte en terrorífico cuando la norma se acaba convirtiendo en tendencia y a la que hasta Manuela Carmena se apunta, habiéndolo previamente criticado, convirtiéndolo en trending topic y… de ahí hasta el infinito manspreading y más allá.

Los sudores fríos se agolpan, el cruce de miradas con nuestro colega de enfrente se hacen continuos, incluso las suaves toses o pequeños golpes de atención a ese hombre, generalmente, con tanto afán aperturista hacen que la situación sea insostenible. Y es que a más distancia entre sus piernas, mayor incomodidad a experimentar. Pero, ¿cuánto más habrá que aguantar?

Un canal de comunicación proxémica que invita, queramos o no, a la presentación del macho alfa en sociedad que para más inri necesita airearse en condiciones por factores, presumiblemente, biológicos que ya todos conocemos. Y eso, si es que lo hace adrede porque la tendencia no solo se ejecuta con premeditación y alevosía, también los hay quienes van por libre y no deparan en ello. Pero, ¿es realmente necesario el manspreading como particular lucha por el dominio del asiento, puesta en escena de una hombría 2.0 (a.C)?

Pues no, y como resultado de estos pequeños grandes atentados contra la propia comunidad que como ellos viajan a diario en transporte público, el malestar se convierte en movimiento armado a golpe de hashtag (#madridsinmanspreading) y petición por parte del colectivo Mujeres en lucha a la Empresa Municipal de Transportes de Madrid. Nada más y menos que 12.000 firmas en contra de esta postura contraria a lo que se entiende por decoro público que ha conseguido que las muecas tornen en alivio supino al contar con una nueva pegatina en la iconografía propia del transporte en Madrid. Una ley no escrita que en su día también añadieron a las suyas, Tokio y Nueva York y que hará que los infractores se den por aludidos, dejando sus piernas bien cerradas, como todo hijo del vecino, para evitar que no se vuelva a escapar el gato. Ahora sí será un placer viajar (solo falta que el Metro de Madrid, vuele). La Operación (anti) Manspreading ha comenzado.

Posted by:Bru Romero

La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida, antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.